Derecho a la energia y derechos de la naturaleza

Presentación de Gerardo Honty en el Senado de la Nación (Argentina) 

Reunión de la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable “Nuevas fronteras de los derechos: sociedad y naturaleza” llevada a cabo el día 12 de julio en el salón Illia del H. Senado de la Nación

Buenas noches para todos y todas. Muchas gracias, Fernando Solanas, por la invitación. Muchas gracias a todos los que hacen posible que estemos aquí en el día de hoy. Es un honor para mí poder estar en esta Casa compartiendo algunas ideas. Voy a hablar de los temas vinculados a la energía y su relación con los derechos de la naturaleza y de los derechos en general.

En principio, hay una tarea bastante difícil de llevar adelante ahí que es hacer converger los derechos de la naturaleza con los derechos vinculados al acceso a la energía en la medida que estamos consumiendo unos niveles insospechados.

El mundo ha ido incrementando su consumo energético. Esto sigue pasando. En los últimos diez años aumentó un 20 por ciento el consumo de energía en general y hacia el futuro se espera otro tanto. Y peor o más grave aún es que esto sigue siendo esencialmente en base a combustibles fósiles. Todo el crecimiento energético que ha habido estuvo basado en fósiles y para el futuro se espera que siga siendo así.

Es más, hace poquito, el mes pasado, salió un informe de la empresa BP, que hace una revisión anual del sector energía. El ejecutivo de BP que hizo la presentación del informe decía que no se ha avanzado nada en los últimos veinte años en tema de matriz energética. El carbón sigue ocupando la misma proporción que ocupaba hace veinte años, sigue aumentando el consumo de combustibles fósiles; Del año pasado a este aumentó un dos por ciento. Mientras tanto, las energías renovables se mantienen en un nivel absurdo: 4 por ciento de la matriz mundial y, por lo menos, en los escenarios que hay más, digamos, de referencia utilizados a nivel a internacional este porcentaje no va a variar.

En América latina en particular teníamos un porcentaje de energía renovable mayor en los años 70 que ahora, que era del orden del 30 por ciento y hoy estamos en el orden del 23,24 por ciento, sobre todo hidroeléctrica; las modernas energías renovables son muy escasas. Entonces, lamentablemente, el panorama no es muy alentador en el sentido de que el uso de la energía siempre conlleva impactos ambientales. A mayor uso de la energía, obviamente, mayores impactos ambientales.

Además, me parece que estamos entrando en un proceso de encarecimiento de la energía que cada vez se va a hacer más difícil de sustentar. Toda nuestra civilización, todo el crecimiento económico al que hacía referencia recién Lucio se ha basado, se ha sostenido, gracias a la existencia de un petróleo relativamente barato. Sin embargo, estos petróleos baratos, lo que habitualmente conocemos como petróleos convencionales, llegaron a su pico en el año 2006, y de ahí para adelante hemos estado empezando a consumir combustibles no convencionales o biocombustibles. Este tipo de combustibles son más caros, es decir, es más costoso de extraerlo. La ecuación para las empresas en algunos casos es que algunos yacimientos tienen un costo que se hace pagable con niveles de 50 a 60 dólares el barril, pero hay otros que necesitan niveles de precios de 80 a 100 dólares el barril para poder ser extraídos.

Nosotros seguimos, como humanidad, sosteniendo el consumo de este tipo de combustibles gracias a los subsidios. El año pasado hubo 260.000 millones de dólares que se hicieron disponibles para poder subsidiar este combustible barato. Entonces, hacia el futuro lo que nos espera es: combustibles cada vez más caros y, en el caso de las poblaciones, combustibles caros o combustibles subsidiados, que tarde o temprano los terminan pagando por alguna otra vía, porque siempre los recursos terminan saliendo de la propia población. Entonces, ya sea por el tema de los impactos o por el tema de los costos, evidentemente nos enfrentamos a un futuro en que este combustible –esta es una opinión mía, pero que puede ser corroborada por cualquiera de los análisis a futuro que hay disponibles– será cada vez más escaso y cada vez más caros, lo cual va a tener consecuencias en toda la producción.

Muchas veces, en los escenarios que se plantean como alternativos, las renovables empiezan a jugar un papel mayor, pero estos escenarios, en principio, son muy voluntaristas, en el sentido de que lo de los escenarios más realistas, de referencia, dicen cosa. Pero, aun en el supuesto caso de que podamos introducir mayor cantidad de renovables hay algunas cuestiones a tener en cuenta.

En primer lugar, la mayoría de los usos que hacemos del petróleo, gas natural y carbón también, pero sobre todo el petróleo, tienen que ver con un cierto tipo de instalación de maquinarias o de sistemas que requieren este tipo de combustibles. En muchos casos es difícil sustituir petróleo, carbón o gas por renovables sencillamente porque las renovables no pueden, por ejemplo, mover una termoeléctrica, no pueden mover un motor a combustión, no pueden mover un automóvil.

Entonces, las fuentes renovables más utilizadas están concentradas en la electricidad, pero la mayoría de los usos que hacemos nosotros del combustible o de la energía no vienen de la electricidad. Esto implicaría un cambio, una renovación, por ejemplo, de la flota de transporte para pasar todo a eléctrico que tiene un costo exorbitante para nuestras sociedades, y aun así tenemos que resolver el problema de la materia prima para poder fabricar todos los elementos que a nosotros nos permiten utilizar esa fuente de energía. Por ejemplo, con qué vamos a fabricar las baterías, los aerogeneradores, los paneles solares, etcétera.

Esto, una vez más, tiene el problema de recursos y tiene problemas económicos. El año pasado el precio del cobalto se duplicó. El cobalto es uno de los elementos que se precisan para construir baterías. El litio subió un 35 por ciento sólo en el año pasado. Pero, además, también hay límites en la explotación y, por supuesto, también tiene impactos ambientales.

Cuando venía para acá, pensando en esta presentación, me acordaba de una obra de un autor argentino, de Armando Discépolo, que debe ser de los 30, por ahí, que se llama Relojero. En muchas de sus obras está en esto de la tensión; la tensión de las personas que vienen de lugares de bajos recursos, generalmente extranjeros, italianos, laburantes, que tienen que hacer el peso y requieren de la plata. Entonces, en un momento de conflicto intrafamiliar donde un hijo y un padre discuten a ver si hay que hacer ciertas cosas para tener plata y la necesidad de tener plata, el hijo le dice al padre: “Mirá, si vos tenés dos pares de zapatos es porque alguno quedó descalzo por vos”.

Lo traigo porque es un autor que de acá. A mí me encanta Armando Discépolo. Me parece que este conflicto está siempre bien planteado, al igual que en otras obras como Babilonia, Mateo, Stéfano.

De esta manera tenemos que encarar el tema del derecho a la energía. A nivel mundial el promedio, hoy por hoy, del uso de electricidad es de 3.100 kilovatios hora por año en el mundo por persona. Ahora bien, en los países del Norte, los países desarrollados, el consumo promedio es de 8.000 kilovatios hora. Entonces, esta es una injusticia y es la base de muchas de nuestras discusiones, por ejemplo, en el seno de la convención del cambio climático.

Ahora, si nosotros pensamos que la manera de hacer justicia con esto es que todos consumamos 8.000 kilovatios hora por persona por año, entonces la producción de energía va a tener que aumentarse en un 260 por ciento. Es decir, más que duplicar la producción de energía que hoy producimos -esta es una falacia, la energía no se produce, pero en los términos habituales se habla de producción de energía-, entonces, de verdad, si queremos tener derechos de la naturaleza tenemos que reducir el consumo de energía. No hay manera de otorgarle derechos a la naturaleza si no reducimos el consumo de energía, porque no hay manera de que nosotros podamos tener esos derechos con este nivel de consumo. Y, segundo, si queremos que la gente tenga acceso a la energía de una manera más igualitaria, entonces los que consumen más tienen que consumir menos.

En la discusión, por ejemplo, de la convención de cambio climático los delegados de nuestros países van allá y dicen: “No, porque nosotros somos países en desarrollo y ustedes son desarrollados, entonces ustedes tienen que transferirnos los recursos”. Lo que nunca dicen nuestros gobiernos es que al interior de nuestros países hay norte y hay sur. Al interior de nuestros países hay personas desarrolladas y personas en vías de desarrollo, con todas las comillas que les quieran poner. Entonces, compatibilizar los derechos de la naturaleza con los derechos a la energía necesariamente tiene que ver con reducir el consumo de energía. Y, el derecho a la energía, tiene que ver, sobre todo, con un consumo menor devtoda la sociedad y un reparto mejor de la energía que está utilizando.

Muchas gracias.