Ambientalismos frente a extractivismos

Artículo de Eduardo Gudynas repasando cuarenta años de historia latinoamericana

En toda América Latina, los debates sobre cuestiones ambientales conducen a los llamados «extractivismos», como la megaminería a cielo abierto, las perforaciones petroleras o los monocultivos intensivos. Esta problemática alimenta movilizaciones ciudadanas y generó nuevos abordajes teóricos y diagnósticos más precisos, que a su vez desbordaron al terreno político. Por ello es importante examinar las relaciones y la mutua alimentación que existe entre posiciones ambientales, izquierdas y prácticas extractivistas, con sus principales manifestaciones, actores, posibilidades y límites.

Aunque no es raro que se diga que hoy en día se vive una expansión de los debates ambientales y que una de sus expresiones son las críticas a los extractivismos, en realidad los antecedentes se remontan por lo menos a la década de 1970. En consonancia con el debate internacional, se instalaron discusiones sobre cuestiones como los límites ecológicos al crecimiento económico o el deterioro de la fauna y la flora silvestres. Asimismo, se crearon los primeros grupos ambientalistas en América Latina, asomaron investigaciones pioneras en ecología y conservación, y se lanzaron diálogos con el mundo político. El ambientalismo se tornó un campo plural, con posiciones tanto reformistas como radicales, unas más tecnocráticas y otras más politizadas. Entre ellas se pueden encontrar las primeras denuncias por contaminación en sitios mineros y petroleros.

Los cuestionamientos ambientales a los extractivismos están en pleno proceso. Es un flanco que no ha decaído, sino que, por el contrario, se ha fortalecido y ampliado.  Muchos persisten en entender que solo los humanos son sujetos de valor y la naturaleza es un cúmulo de objetos, aunque entienden que es necesario un cambio radical en las estrategias de desarrollo para no destruir el entramado ecológico. Esa postura lleva a aceptar a los extractivismos, incluyendo las variedades progresistas.

Leer artículo completo  publicado en la revista Nueva Sociedad, No 268, Marzo – Abril 2017 aquí