Energía Uruguay 2030: El camino que empieza ahora

wind-energy-621511_640Decidir sobre una matriz energética es decidir sobre los impactos en el ambiente, la distribución de la renta, las interdependencias internacionales, la autonomía, el modelo de desarrollo y un sinnúmero de asuntos importantes en la vida de un país y su gente.
Escribir sobre el futuro siempre es un compromiso múltiple. Por un lado, se abren varios caminos de desarrollo posible y por otro, se proyectan sobre esos escenarios los propios deseos y valores del enunciante. En el caso de la energía el problema se acrecienta pues es una materia sobre la que convergen aspectos políticos, geo-políticos, sociales, económicos, ambientales, etc.

El precio del petróleo y la crisis energética que vivió Uruguay en los primeros meses del año puso en la mesa de las urgencias un problema que se viene gestando desde hace muchos años y que tiene raíces en lo nacional y lo internacional. En lo nacional, una matriz excesivamente dependiente del petróleo para ser un recurso externo. Si nos comparamos con otras economías regionales, el 60% de dependencia del petróleo no desentonaría demasiado. Pero para ser que no tenemos una gota de ese combustible propio, la esmerada construcción durante decenios de una estructura tan dependiente del crudo es una falla que hemos elaborado nosotros mismos, por lo menos por omisión.

En los últimos años y como alternativa- se ha intentado introducir el gas natural proveniente de Argentina, un país que ya tenía escasas reservas antes de construir cuatro gasoductos hacia Chile, dos hacia Brasil y tres hacia Uruguay, lo que ha generado un previsible desabastecimiento para todos lados, incluido nuestro país. Con una porfía a mi modo de ver inexplicable, se insiste aún hoy con la construcción de plantas termoeléctricas a gas natural, luego de ver la amarga experiencia por la que ha pasado Chile en estos dos últimos años por su dependencia del gas argentino.

En el plano internacional la crisis energética está abonada por el acercamiento inexorable al ”cenit”del petróleo: el momento en el cual la producción petrolera mundial alcanzará su techo e iniciará un descomunal descenso hacia el vacío (literalmente), mientras la curva de la demanda, sostenida por un mundo petróleo-dependiente, impulsará los precios hacia las nubes. Para muchos investigadores incluyendo la Asociación para el estudio del pico del petróleo (ASPO, por sus siglas en inglés)- esto ocurrirá en el año 2006, mientras que las compañías petroleras alargan sus estimaciones hasta el 2015.

Pero además del problema de las reservas y la producción, otra amenaza quizá mayor- se yergue ante los combustibles fósiles: el cambio climático y las restricciones que irán imponiendo las negociaciones internacionales. Por una cosa o por la otra y probablemente por ambas- el petróleo será para el 2030 un artículo de lujo, utilizado en algunas aplicaciones químicas y farmacéuticas muy específicas y particularmente caras.

Pero todo esto que estalla hoy ante nuestros ojos, es un explosivo que se fue fuimos- parsimoniosamente construyendo, encandilados por las luminarias de la abundancia, el optimismo tecnológico y la ilusión del crecimiento sostenido. La crisis energética no es coyuntural. Es el resultado de un mundo de economías crecientes basadas en el consumo cada vez mayor de energía. La crisis energética es más bien estructural y ya no nos abandonará.

LOS FUTUROS
Como dice mi amigo el periodista Luis Sabini, no se puede hablar del futuro en singular, pues hasta que éste no llega, los futuros son múltiples figuras posibles. En materia energética estas figuras adoptan diferentes formas según los mapas políticos, los gráficos económicos y las condiciones sociales que uno superponga.

Sin embargo me animaría a plantear dos grandes escenarios hacia el año 2030 sobre los que después podrían representarse diferentes futuros: uno en el que la economía mantiene su tendencial crecimiento, se adoptan nuevas formas energéticas y nuestro país se adecua al funcionamiento global. Otro escenario en el que las economías encuentran límites materiales a su crecimiento entre ellos la falta de energía- y nuestro país debe resolver de manera más autónoma su proceso de desarrollo.

Escenario ilimitado. Según las estimaciones de la agencias internacionales más reconocidas en materia energética como la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) o la Organización Latinoamericana de la Energía (OLADE) el consumo de energía aumentará a una tasa acumulativa anual entre el 2% y el 5% en los próximos 25 años. Por lo expresado más arriba, las fuentes energéticas principales no serán las fósiles: el petróleo y el gas natural habrán pasado su ”cenit” y estarán en decadencia, mientras que el carbón (con mayores reservas) no podrá ser utilizado por restricciones originadas en la amenaza del cambio climático. Sin embargo se habrán desarrollado otras tecnologías como el hidrógeno, la fusión nuclear, además de popularizarse fuentes hoy marginales como la energía solar fotovoltaica.

Para Uruguay este escenario irá necesariamente de la mano de la dependencia tecnológica dado que no hay condiciones en nuestro país para competir en el desarrollo de estas tecnologías en el concierto internacional. Seremos compradores pasivos de ”paquetes tecnológicos” y ”cajas negras” que las grandes empresas multinacionales de la energía (que no serán muchas) proveerán a los países periféricos con algo de poder adquisitivo.

También este escenario irá asociado a una distribución desigual del consumo energético profundizando una brecha que ya hoy se observa- pues una tecnología importada y de alto grado de desarrollo no será accesible a la mayoría de la población. La economía nacional hará un gran esfuerzo de producción de bienes que puedan generar las divisas para la compra de energía o la tecnología para su producción.

Escenario con límites. En este escenario, el desarrollo de nuevas tecnologías no se universaliza -ya sea por razones de costos o de tiempo- y la falta de energía afecta más gravemente a los países en vías de desarrollo. Al igual que en el escenario anterior, el petróleo, el gas natural y el carbón ya no son accesibles o están limitados y las nuevas fuentes energéticas ”modernas” tienen costos excesivos para las economías en desarrollo. La economía mundial se ha enfrentado a límites en el uso de los recursos naturales y ha entrado en un receso generalizado.

Nuestro país en esta circunstancia echa mano a sus fuentes autóctonas: biomasa, eólica e hidráulica, tecnologías para las cuales tiene capacidades propias para su construcción y manejo. Estas tecnologías tienen la condición de ser descentralizadas y de fabricación local con lo que la economía es más distribuida en el territorio alcanzando con su impacto a mayor población. Ante la falta de usinas centrales productoras de energía (eléctrica o de combustibles) otras formas energéticas descentralizadas y de bajo costo se desarrollan, como la energía solar térmica calentadores de agua, cocinas, calefacción- y los biocombustibles.

En este escenario la economía nacional alcanza niveles menores que en el escenario anterior, tiene menor inserción en la economía global, pero logra mayor autonomía y estabilidad social.

LA ELECCIÓN
De la misma forma que la crisis energética actual la hemos ido construyendo parsimoniosamente con el paso de los años, el futuro será también una construcción de largo aliento de la que hoy estamos poniendo los cimientos. Es que una matriz energética es de las cosas menos flexibles de este mundo. La construcción de un gasoducto con contratos a 15 ó 30 años -por ejemplo- hace inviables otras alternativas pues la recuperación de sus costos de construcción se vuelve una barrera difícil de franquear para otras tecnologías nuevas. Las inversiones que hoy se hagan en el área de la energía estarán condicionando el futuro energético por muchos años. Prever y diseñar como será el sector energético del Uruguay en el 2030 implica no sólo atisbar estos escenarios, las posibles combinaciones y los variados matices que estos pueden alcanzar sino también tomar partido.

Como decía más arriba, en el sector energético se juega no sólo la economía, sino los modos de producción y consumo, la distribución de la riqueza, la salud del medio ambiente y la inserción en la arena internacional. Formas de producción de la energía centralizadas con tecnología externa generarán un modelo de desarrollo diferente que formas descentralizadas con tecnología nacional. Uno de los aprendizajes que la crisis actual puede dejar para el futuro es que asegurarse ciertos grados de autonomía en materia energética puede ser importante. Que lo que no se paga fomentando el desarrollo tecnológico propio, se paga en el mercado spot internacional a precios de oro en los momentos de falta de energía.

Hoy estamos en crisis energética y la pregunta es ¿cómo salimos de ella? Pero cada vez que se abre una puerta para salir de un lugar se está entrando en otro. Entonces esta pregunta no se puede contestar del todo si a la vez no nos preguntamos: ¿Y a dóonde queremos entrar? De esta crisis se puede salir de muchas maneras. Pero todas ellas implicarán los primeros pasos hacia la matriz energética del 2030. Los caminos del gas natural y el petróleo son caminos fáciles pero ciegos que sólo servirán para dejar pasar el tiempo. Buscar alternativas sobre la base de los recursos autóctonos y renovables pueden ser caminos más duros. Pero seguramente nos hagan llegar al 2030 con la sensación de haber salido por una puerta que tenía un cartel de entrada a un futuro más promisorio.

Gerardo Honty es investigador de CLAES

Publicado originalmente en “Crónicas” http://www.uruguayambiental.com/articulos/HontyEnergia2030.html