Energías renovables: el BID a la izquierda de Lula

Bonn2004Ha finalizado la Conferencia Internacional de Energías Renovables realizada en Bonn (Alemania) entre el 1 y el 4 de junio. Convocada por el gobierno alemán, el evento buscaba impulsar el uso de las energías renovables para que contribuyeran al desarrollo social y la sustentabilidad ambiental.

Aunque no fue una conferencia internacional convocada por las Naciones Unidas, la respuesta fue excelente: 154 países representados, en un porcentaje significativo, por jerarcas ministeriales. Los europeos haciendo gala de sus mejores discursos ambientalistas y los delegados del sur en variadas gamas de un desarrollismo un poco pasado de moda pero útiles a sus fines. A lo largo de la conferencia todos estaban de acuerdo en que las energías renovables son mejores, pero el problema era ¿quién las paga?

Los europeos consideran que esos costos se cubrirán en el mercado si es que se desarrollan los instrumentos idóneos: internalización de costos ambientales, información al consumidor, mercados con reglas claras, etc. Los países del sur vinieron con la clara conciencia que se les quería vender -una vez más- los paquetes tecnológicos del norte y por lo tanto pedían recursos para generar su propia tecnología.

Según algunos delegados, el colmo de la desfachatez alemana tuvo lugar durante la recepción convocada por su gobierno: en amplios salones el buffet estaba rodeado, o talvez cercado, por los stands de las empresas proveedoras de equipos de energías renovables.

América Latina jugó un rol fundamental en todo el proceso que llevó a esta conferencia. Años atrás, en la Conferencia de Johannesburgo (2002) sobre ambiente y desarrollo, impulsó junto con la Unión Europea, la meta de un 10 % de energías renovables para el 2010 en el total de la matriz energética. Como la propuesta no fue apoyada por la comunidad internacional, América Latina mantuvo el compromiso para su propia región. Lo que los gobiernos latinoamericanos no dicen es que la región ya cubre sus necesidades energéticas con un 26 % de energía renovable, por lo que su compromiso es en realidad un permiso para aumentar el consumo de fósiles.

Dentro de la región, Brasil tuvo un rol preponderante. Fue quien lanzó la iniciativa del 10 % en Johannesburgo y fue quien organizó en Brasilia el primer encuentro regional preparatorio de esta Conferencia de Bonn (octubre de 2003). Pero algo cambió en el entusiasmo del gobierno brasilero, y según varios observadores, entre Johannesburgo (2002) y Bonn (2004) abandonó su papel de liderazgo.

Uno de los temas conflictivos para la región es el de los grandes represamientos de ríos. Tiempo atrás la energía hidroeléctrica ha sido considerada una fuente renovable y por lo tanto admisible entre las propuestas “ambientalistas”. Sin embargo, luego de varios desastres ambientales y sociales causado por varias represas y -sobre todo- luego del informe presentado por la Comisión Mundial de Represas en el año 2000, ya no es posible incluirlas entre las energías renovables que promueven el desarrollo sustentable. Sin embargo, la delegación brasileña vino con el claro objetivo de incluirlas en el portafolio de renovables.

En ese contexto, en una de las sesiones en Bonn, la ministra Dilma Rousef, jefa de delegación gubernamental del Brasil, reclamó financiamiento de las instituciones financieras internacionales para los proyectos hidroeléctricos. Dijo que las represas son la fuente de energía limpia más importante en Asia, Africa y América Latina, y agregó que la financiación de estos proyectos es precondición indispensable para la eliminación de la pobreza. La ministra manifestó que es incomprensible que habiendo sido explotado apenas el 20% de todo el potencial en estos continentes, los organismos financieros hayan cortado la financiación para este tipo de emprendimientos. Instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial o el Banco Intercamericano de Desarrollo (BID) cortaron hace tiempo esos financiamientos por los escandalosos impactos sociales y ambientales.

Frente a las palabras de la ministra brasilera, el presidente del BID Enrique Iglesias, pidió la palabra y manifestó que los proyectos hidroeléctricos tienen implicancias ambientales y sociales que hay que considerar. Dijo que antes hay que solucionar los problemas ambientales y sociales, recordando que en el pasado tuvieron lugar conflictos importantes. Le reclamó a la ministra que antes de impulsar cualquier proyecto hidroeléctrico debía consultarlo y acordarlo con la sociedad civil. Ante semejante respuesta, un colega brasileño sentado a mi lado me susurró entre amargo e irónico: “el BID está a la izquierda del gobierno de Lula”.

Esperanzas renovablesLo que dejó esta conferencia puede verse desde el vaso medio lleno o medio vacío. Si se apela a una mirada optimista, fue una victoria importante de la corriente que podríamos llamar de “europeos-renovables” frente a los “yanquees-fósiles”. Estados Unidos y sus aliados bombardearon todo lo que pudieron con su apego a los combustibles fósiles, pero el resultado de esta conferencia y la participación de un gran número de países de todo el mundo le dan un gran espaldarazo a la visión europea más “ambientalista”.

Pero si uno lo mira con el ojo pesimista, la verdad es que no hubieron compromisos específicos ni se plantearon nuevos objetivos en las metas de penetración de las energías renovables ni en los apoyos económicos por parte de las instituciones financieras o los gobiernos. En las discusiones y en los papeles se repitió hasta el hartazgo que las energías renovables van a generar empleo, van a proteger el medio ambiente y mejorarán el acceso de los pobres a la energía.

Pero la única vía que se mencionó para lograr todo esto fue el mercado, un enano bastante deprimido en nuestros países como para hacerse cargo de las sofisticadas tecnologías que se presentaron en los stands. Sobre todo si es cierto que el objetivo es que los servicios energéticos lleguen a los más pobres.

Las esperanzas se proyectan ahora hacia el año 2006 cuando se reunirá la Comisión de Desarrollo Sustentable de Naciones Unidas para tratar el tema de la energía. Así vamos. De conferencia en conferencia y cumbre en cumbre, poniendo de manifiesto una vez más, que lo único demostradamente renovable son las esperanzas.

G. Honty es investigador de CLAES

Publicado originalmente en Rebelión http://www.rebelion.org/noticia.php?id=3458