La crisis oficial: nuevo informe de la Agencia Internacional de Energía

La producción de hidrocarburos crecerá lo suficiente como para superar los 3º C pero no tanto como para satisfacer la demanda esperada.

Una vez más la Agencia Internacional de la Energía (AIE) alerta sobre los problemas de suministro energético en el futuro cercano, como lo viene haciendo en los últimos años. El pasado martes 13 de noviembre fue presentado el World Energy Outlook 2018 por parte de su Secretario Ejecutivo el Dr. Fatih Birol. La situación es clara: los precios del petróleo no pueden subir más si se quiere mantener el crecimiento económico, pero los precios bajos desestimulan la inversión y ponen en riesgo a las economías petroleras. Pero además, si se lograra abastecer la demanda esperada de combustibles fósiles, las consecuencias del cambio climático provocado por sus emisiones tendrán impactos devastadores en la economía global. Por eso la agencia insiste en llamar a responsabilidad a los gobiernos por las decisiones que se tomarán en el futuro inmediato en el área energética.

Se espera que la demanda de energía crezca en más de un 25% hasta 2040, lo que requerirá una inversión de más de USD 2 billones (millones de millones) al año en nuevos suministros de energía. “Nuestro análisis muestra que más del 70% de las inversiones mundiales en energía serán impulsadas por el gobierno y, como tal, el mensaje es claro: el destino energético del mundo reside en las decisiones del gobierno”, dijo el Dr. Fatih Birol al momento de la presentación del informe. “La elaboración de políticas adecuadas y los incentivos adecuados serán fundamentales para alcanzar nuestros objetivos comunes de garantizar el suministro de energía, reducir las emisiones de carbono, mejorar la calidad del aire en los centros urbanos y ampliar el acceso básico a la energía en África y en otros lugares”.

Pero los gobiernos no parecen ir en esa dirección. Pocos meses atrás la misma agencia había presentado un reporte sobre la inversión energética mundial (World Energy Investment 2018). Allí se informaba que la inversión total en energía en el año 2017 fue de 1,8 billones de dólares. Dentro de ese monto el 59% fue destinado a fuentes fósiles: gas petróleo y carbón. En América Latina en particular, la inversión total fue de 84 mil millones y el 71% se destinó a combustibles fósiles. Solamente para la explotación y exploración de petróleo y gas fueron destinados USD 41 mil millones, prácticamente la mitad de toda la inversión energética de la región.

Volviendo al reporte recientemente presentado, este muestra que el consumo de petróleo crecerá en las próximas décadas, debido principalmente al aumento de la demanda de productos petroquímicos, los camiones y la aviación. La agencia desestima en crecimiento de la demanda del automóvil particular en virtud de las ganancias en eficiencia y los 300 millones de vehículos eléctricos que estarán en funcionamiento en 2040. Pero el transporte por carretera de larga distancia, el transporte marítimo y la aviación, no tendrán tecnologías “limpias” disponibles para sustituir los combustibles fósiles.

Cumplir con el crecimiento esperado en el corto plazo de la demanda de petróleo implicaría duplicar la inversión en proyectos de petróleo convencional, y la producción de esquisto de EE. UU. tendría que agregar más de 10 millones de barriles por día desde ahora hasta el 2025, lo que a juicio de la agencia sería “una hazaña históricamente sin precedentes”. Obviamente este crecimiento del consumo de combustibles fósiles conlleva un aumento de las emisiones de gases efecto invernadero incompatible con los objetivos del Acuerdo de París.

El petróleo como ingreso

El WEO 2018 tiene un reporte asociado que se presentó unos días antes. Se trata de la “Prospectiva para las Economías Productoras 2018” (Outlook for Producer Economies 2018) que se focaliza en los países que son grandes productores de hidrocarburos, entendidos como aquellos exportadores de petróleo y gas que son fundamentales para la oferta mundial y dependen de los ingresos de hidrocarburos para financiar una proporción significativa de sus presupuestos nacionales. El análisis se centra en seis países: Irak, Nigeria, Rusia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Venezuela. Las circunstancias y las perspectivas varían ampliamente, pero estas economías tienden a ser menos diversificadas y más vulnerables a la volatilidad de los precios de los hidrocarburos que otras economías.

Desde 2014, el ingreso neto disponible del petróleo y el gas ha caído entre un 40% (en el caso de Irak) y un 70% (en el caso de Venezuela), con amplias consecuencias para el desempeño económico. El informe no analiza economías con similares problemas en nuestra región como Ecuador y Bolivia, por no tener un peso importante en el mercado global de los hidrocarburos,  pero su situación es similar.

El informe prevé que el ingreso neto del petróleo y el gas crecerá en el futuro, especialmente después de mediados de la década de 2020, cuando se proyecta que la producción de petróleo de los Estados Unidos se estabilice. Pero según la AIE, “los riesgos se multiplican en un entorno de menor precio del petróleo. En un caso en el que los precios del petróleo se asientan en un rango de USD 60-70 / barril, los ingresos netos de petróleo y gas nunca se recuperan a los niveles de 2010-15. Sin reformas de largo alcance, esto se traduciría en grandes déficit de cuenta corriente, presión a la baja sobre las monedas y menor gasto del gobierno”. Los riesgos de una alta dependencia de los volátiles ingresos del petróleo y el gas deberían llevar a varios países a una revisión de sus estrategias de desarrollo para reformar y diversificar sus economías.

Según este informe “un sistema de energía cambiante está planteando preguntas críticas para muchos de los mayores productores de petróleo y gas del mundo. La revolución del esquisto en los Estados Unidos, el cambio tecnológico, el impulso de la eficiencia energética y la respuesta a largo plazo al cambio climático implican una presión sostenida sobre los modelos de desarrollo que dependen en gran medida de los ingresos de hidrocarburos”.

De alguna manera la AIE está previendo un escenario futuro en el cual el petróleo no supera los USD 70 por barril porque los cambios tecnológicos y los objetivos climáticos desalentarán su uso. Sin embargo, es más probable que sea porque la economía global no podría seguir creciendo con su principal fuente energética a mayor precio.

  

Emisiones

Las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la energía aumentaron un 1,6% en 2017 y los datos iniciales sugieren un crecimiento continuo en 2018, lejos de una trayectoria consistente con los objetivos climáticos, dice la AIE. Y además, la contaminación del aire relacionada con la energía continúa dando lugar a millones de muertes prematuras cada año.

Como ya lo viene haciendo en anteriores reportes, la AIE define dos tipos de escenarios principales: el Escenario de Nuevas Políticas (que Incorpora las políticas energéticas existentes, así como una evaluación de los resultados que probablemente se deriven de la implementación de las políticas anunciadas) y el Escenario de Desarrollo Sostenible (que describe un enfoque integrado para lograr objetivos acordados internacionalmente sobre cambio climático, calidad del aire y acceso universal a la energía).

En el Escenario de Desarrollo Sostenible las emisiones globales de CO2 relacionadas con la energía alcanzan su punto máximo alrededor de 2020 y luego entran en un descenso abrupto y sostenido, totalmente en línea con la trayectoria requerida para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sobre el cambio climático. Pero es un escenario meramente especulativo, ya que la mayoría de las emisiones posibles dentro del presupuesto de carbono, ya están esencialmente comprometidas por las inversiones energéticas realizadas en los últimos años. En particular, las centrales eléctricas de carbón, que representan, según la agencia, más de un tercio de las emisiones acumuladas hasta 2040.

“Hemos revisado toda la infraestructura energética actual y en construcción en todo el mundo, como centrales eléctricas, refinerías, automóviles y camionetas, calderas industriales y calentadores domésticos, y encontramos que representarán aproximadamente el 95% de todas las emisiones permitidas según los objetivos del clima internacional en las próximas décadas”, dijo el Dr. Birol. “Esto significa que si el mundo se toma en serio el cumplimiento de sus objetivos climáticos, a partir de hoy, debería existir una preferencia sistemática por la inversión en tecnologías de energía sostenible. Para tener éxito, esto requerirá un esfuerzo político y económico global sin precedentes”.

 

Qué esperar

El Acuerdo de París no fijó límites de emisiones de gases de efecto invernadero y consecuentemente sus promesas no son más que palabras al viento. No hay un compromiso verdadero de los países firmantes en asegurar un clima habitable para los seres humanos y las inversiones continúan priorizando los combustibles fósiles. Para ahondar más el problema, los mayores proveedores de hidrocarburos (que en su mayoría son países en desarrollo) dependen de esos ingresos para sostener su propio crecimiento por lo que lejos están de pretender reducir su explotación. La propia Convención de Cambio Climático dice expresamente que las medidas para combatir el clima no deben detener el crecimiento de los países en vías de desarrollo, de manera que tienen la bendición de Naciones Unidas para continuar con su extractiva faena.

Pero aún en ese contexto y previendo una inversión anual de 2 billones de dólares, la oferta energética no alcanzará a cubrir la demanda. Es decir, la escasez de petróleo y gas en un mundo no preparado para su rápida sustitución por renovables, hace prever como la propia AIE lo alerta, una crisis de suministro energético. La producción y consumo de hidrocarburos crecerá lo suficiente como para recalentar el planeta muy por encima de los 3º C pero no tanto como para satisfacer la demanda esperada.

Los gobiernos del mundo no están a la altura necesaria para hacer el esfuerzo político y económico sin precedentes que reclama la agencia para alcanzar el escenario de Desarrollo Sostenible. Y tengo la sospecha que tampoco los ciudadanos (que en la mayoría de los casos votamos a nuestros gobernantes) estamos conscientes del futuro que se avecina. Seguimos viviendo como si la energía fuera infinita y el crecimiento económico para todos fuera posible en este mundo recursos limitados y ambiente frágil.

Hace ya muchos años que sabemos esto y probablemente ya pasó el tiempo que teníamos disponible para cambiar el rumbo. Los informes se siguen acumulando sobre la mesa pero nadie parece querer leerlos.

 

Gerardo Honty, analista de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).  Publicado originalmente en Rebelión (17/11/2018) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=249124